PUENTING: Morir, nacer y querer volver a intentarlo.

Teníamos la idea de que sería un “parche más de amigos” donde compartir y alejarnos de la rutina; Ádriana y yo llegamos al terminalito donde ya nos esperaban los demás, entre ellos Álvaro, David y Camilo. La frase que todos teníamos en la boca era – ¿Te vas a tirar?-, a lo cual todos respondíamos que si con una sonrisa en la cara. Pasadas las diez de la mañana tomamos rumbo a Palmira, al puente de las Águilas; el paisaje era encantador y aunque estábamos muy contentos por el viaje y la aventura, podríamos decir que también sentíamos algo de nervios ya que jamás habíamos enfrentado algo parecido, es decir, si lo vemos de manera trágica, “lo único que lo diferencia de un suicidio es” un arnés y una polea sostenida a un puente.
Al llegar al sitio conocido como Tenerife, ya había algunas
personas esperando el Instructor de arawata. Contemplábamos el panorama y la
distancia del puente y por mi mente
pasaba un rotundo “No me tiraré”, no sé, tal vez es la manera que tiene nuestro
cerebro de reaccionar al ver un precipicio de 24 metros de altura cuyo final lo
comprende un rio y rocas de gran tamaño y del cual pretendemos lanzarnos, o
somos seres los cuales por instinto eso es algo ajeno para nosotros y nuestro
cerebro acude a nuestro rescate
colocando este tipo de barreras. esto me llevó a reflexionar un poco, que no es
la primera vez que tengo estas barreras, por ejemplo cuando nos decimos a sí
mismos que no podemos hacer algo o alcanzar una meta ya sea laboral, personal y
simplemente lo dejamos a un lado porque así lo decide nuestro “manda más” que
conocemos como mente.
Cuando llegó mi turno, me coloque en la punta de la tabla,
mi cuerpo estaba frio y temblaba cada que hacia cualquier movimiento; tome la
soga, la ubique de tal manera que no se fuera a enredar, vi el precipicio,
¡gran error! Y me atrevería a decir que todo mi ser quedo en blanco por un momento, es como si
internamente el cuerpo, mente, corazón y hasta mi alma estuvieran conspirando para
que no me lanzara ya que no estamos
programados para este tipo de cosas.
De un momento a otro “me expulse” de ese pedazo de madera
que me sostenía a 24 metros del suelo, la verdad no recuerdo mucho, solo sé que
morí y nací nuevamente cuando el lazo llegó a su final y me balanceo hasta el
otro lado. Allí abrí mis ojos y sonreí como si me hubiera salvado de una
catástrofe o de una enfermedad, no sé, fue algo mágico que a decir verdad me
ayudo a valorar la vida y a darle gracias a Dios por estar vivo y por
permitirme disfrutar día a día de mis problemas, pesares, alegrías, desgracias,
locuras, amigos, enemigos (que son pocos), jefes, padres, conocidos y un montón
de cosas que siento y percibo y nunca me cansaré de hacer.
PUENTING: Morir, nacer y querer volver a intentarlo
SONRÍE.......Es gratis :)
