El mismo día
Son casi las cinco de la mañana y estoy tendido en mi cama de una forma casi inerte.
Al escuchar el reloj marcando las cinco y veinte minutos, me siento en la cama,
estiro mis brazos y pienso lo mismo de todos los días -¿Quién se inventó esto de madrugar?-. Voy al espejo, observo mi rostro para no
olvidar como soy, lo que siento, lo que creo y lo que pienso de mi existencia,
de la existencia de otros, de nuestro propósito y recuerdo que a veces quisiera
cambiar la manera de ver el pasado, de
ver mi muerte de verme a mí y cambiar por completo mi vida de una manera que me
llene y cese esta sed de algo muy profundo en mí, aquello que no me deja
avanzar como un ser humano normal, que me hace ver las cosas de manera diferente, “Diablos”, si solo supiera que es,
que lo produce, tal vez sabría con mayor facilidad como alimentarlo.
Son las seis de la
mañana, tal vez minutos más, minutos menos. Mi cuerpo me duele como si hubiera
caminado por horas y tengo algunos moretones en mí espalda, es extraño, porque
no recuerdo haber tenido acción física últimamente, la verdad no recuerdo nada
recientemente, mi vida se volvió el hoy, este tiempo, este preciso momento, es
como si no necesitara vivir, como si no hubiera espacio en mi vida para el
mañana, creo que estoy alucinando un poco. Tengo un café en mi mano derecha el cual tiene
un sabor dulce y relajante; observo cómo cada pequeño grano hace lo suyo para
dar a mi vaso ese color oscuro que al observarlo me hace
pensar en que tan sombrío es mi mundo, que tan siniestro puede llegar a
convertirse un ser por las cosas de la vida, cómo piensa o, mejor, de qué manera
lo obligan a pensar. Mi apartamento
se torna cada vez más ajeno a mí, todo me parece extraño, desde los tendidos de
mi cama, hasta al jarrón que está en la
mesa al lado del televisor, es raro, me consume la incertidumbre de solo
pensarlo, es como si estuviera de visita en mi propio apartamento.
Son las seis y cuarenta
minutos de la mañana y estoy postrado en
el mueble de este lugar que me resulta
tan impropio; no me he puesto mi camisa y no he terminado de alistarme
para salir a trabajar, pero, es que estoy confundido, no recuerdo a mi familia,
mis amigos, mis compañeros, no recuerdo bien ni donde trabajo y el único pensamiento que
realmente representa un problema
importante para mi es que mi café se enfriara, como si mi vida terminara con él. ¡Qué me pasa! Voy al
armario y escudriño un poco en las cosas, abro uno de los cajones y hay algunos
papeles y fotos que no se me hacen familiares y a pesar de todo estoy en muchas
de ellas, me preocupo pero no de la manera que se inquieta una persona
normalmente, siento intranquilidad pero no me desespera, es como si en el fondo
estuviera vacío, como si fuera solo un cuerpo sin sentimientos.
Miro el reloj y marca las siete menos diez, mi café está por
terminarse pero su sabor es el mismo, tomo un trago más el cual moja mis labios
y suaviza mi garganta dejándome un sabor atractivo. Me siento al lado de la ventana y solo
conservo una foto donde estoy solo en
una playa, ¡mierda! Me siento tan impotente al no recordar, al sentir que mi
vida ya paso, o peor aún, nunca fue. Me es curioso que el único recuerdo que
tengo es el de una mujer de cabello largo y brillante, una sonrisa bonita que
hace que mis sentidos se activen a flor de piel, mi cabeza se
impacte y mi imaginación vuele aunque en este momento no sea muy amplia;
Su nombre es Sofía, recuerdo algunas imágenes de ella junto a mí y una canción la cual mi mente tararea como si
fuera el único sonido que hubiera
escuchado en el mundo.
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Ilustración: David Castillo |
Son las siete y treinta
minutos de la mañana, el sol entra por la ventana e irradia esta tristeza que
me produce el sentirme tan perdido,
pero, ¿Qué perdí? Me miro una vez más al espejo, ya serian unas cien veces que lo hago si no estoy mal, es como si este
ejercicio me ayudara a mantener despierto, a
encontrarme de alguna manera o, más bien a no estar solo con este mundo
que a grandes rasgos es “mío”, pero que en este momento me está enloqueciendo de
tal manera que quisiera salir corriendo y abandonarlo. Suena el timbre del
apartamento, me exalto y me lleno de nervios, insisten tres, cuatro veces más y
dejan un paquete debajo de la puerta, al parecer es el periódico matutino, lo
pierdo de vista y vuelvo a mi objetivo número uno en esta corta y extraña vida, para ser precisos tres horas ya que no
recuerdo más.
Son las ocho menos diez
y estoy un poco agotado, es extraño, no es un agotamiento que pueda describir,
o de pronto sí, es similar a una vela que se apaga y su razón de ser deja de
existir, es como si fuera el fin. Tomo el periódico del suelo y observo la página principal, un trágico
accidente de un tranvía El cual por razones ajenas me es familiar; voy a la
hoja donde relatan el suceso…… ¡Estoy estupefacto!, hay algunas fotografías de
las víctimas, entre ellas, Sofía la chica que hasta ahora era lo único que
recordaba, y yo, quien me encontraba
sentado a su lado.
Faltan tres minutos
para las ocho de la mañana, limpio mis lágrimas, pero no estoy triste, ahora lo entiendo todo, termina mi café y por
ende mi vida, tal vez mañana será igual, me despertare a las cinco de la mañana
sin recordar absolutamente nada, o peor aún, será en otra época de mi vida, en
el accidente o en mi tumba y todo fluya
de la misma manera que hoy, pero, ¿hasta cuándo?, ¿por qué no me he ido?, ¿qué busco? O…… ¿Simplemente morir es así, y
nunca nos marchamos?

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