miércoles, 17 de abril de 2013


La realidad humana.

Me levante a las 5:14 de la mañana para llevar a cabo mi rutina, esa, que se hace larga muchas veces aburridora y con algunos contratiempos, los cuales en la mayor parte del tiempo se convierten en un gran trampolín para saltar al siguiente paso, subir el próximo escalón o adquirir más experiencia en mi vida.

Constantemente me llenan de información como “alcanzar el éxito”, “pazos para llegar a la meta propuesta”. La verdad no quiero hablar de ese tema ahora, quiero hablar de la realidad, mostrarle a usted  que la vida está llena de sacrificios y luchas constantes, si no es así, fíjese en la biblia, cada uno de los personajes allí mencionados tuvo el suyo.

“Para la muestra un botón” quisiera hablar de Nuestro Señor Jesucristo, según lo que muestra la historia es el Mesías, el hijo de Dios, creador de todo lo que usted ve  en la actualidad, lo que me hace pensar en que siendo todo, se convirtió en nada, es decir ese fue su sacrificio, el que permitió que usted, que yo y todos los que considere importantes estemos vivos.

A pesar de contar con el respaldo total de su padre, también sintió temor al enfrentarse a este mundo cruel que lo despejo de la vida, a pesar de que tenía vida eterna, sintió dolor, pero no carnal, si no dolor al ver como sus hermanos podían quitarle la vida a un igual. Fue por ello, pienso yo,  que derramo lágrimas en la cruz del monte Gólgota.

Si no quiere de referencia la “Palabra Sagrada”, mírese en un espejo, sitúese en los tiempos de sus antepasados y por un momento piense, ¿Qué debieron hacer ellos para que usted este en este  momento y en este tiempo? Yo lo he hecho y primero que todo acepto que fui elegido por Dios para estar en esta hermosa tierra, ser parte de una familia que es espectacular por cada uno de sus integrantes; que no es casualidad ni mucho menos “evolución” que yo sea un ser racional, tenga gustos específicos como por ejemplo el fútbol, las mujeres, soñar con  ganarme el baloto o mejor aún, que alguien me regale un carro con el maletero lleno de dinero. Es allí donde depende de mí sí me quedo soñando toda la vida, o me bajo de esa nube y me doy cuenta que debo trabajar y salir a buscar el sustento para mi familia, hacer mi “sacrificio” (que no es nada comparado al de Jesucristo), porque a menos que mis fantasías poco probables se cumplan, soy el único encargado de escribir mi futuro, de  Querer día a día sobresalir y ser alguien en esta “verraca” vida que a veces es tan difícil y muchas veces cruel pero al fin, es mi vida y le doy las gracias a Dios por ella.

Mi familia me lo enseño  y la vida me lo ha ido mostrando, la palabra de Dios también lo menciona, “El que no trabaja, que no coma”. Quisiera que usted, apreciado lector también lo entienda a su manera, pero lo que está claro es que “si quiero que las cosas se den, debo actuar con mucha fuerza, y esta debe estar acompañada de mucha sabiduría, como lo dice en la biblia, “la fe sin obras es muerta”.

Por ultimo quisiera tomarme el atrevimiento de mostrarle que todos nuestros actos tienen consecuencias, y solo en nuestras manos esta si queremos que sean buenas o malas y cuales aplicar a nuestras vidas. Hay una frase que aprendí cuando preste el Servicio Militar, la cual considero que marco mi vida: “Solo tienes una oportunidad para dar una buena impresión”. Esto solo significa que nuestro día a día tenemos que inyectarle eso que lo haga excelente, llámelo como desee, carisma, actitud, vibra, chispa o alegría pero ¡hágalo! Y se dará cuenta que su vida avanza mejor y estará preparado siempre para dar la más grandiosa impresión a todos los que se crucen en su vida.

Son las 11:00 de la noche y he atendido todos mis asuntos laborales, familiares, matrimoniales y personales. Miro hacia el cielo y doy las gracias una vez más a mi creador por prestarme la vida y todo lo que en ella disfruto, incluyendo mis problemas. Al día siguiente percibo que con esta manera de ver la vida, mi día se vuelve un privilegio y quiero explotar al máximo.

Escrito: Raúl Salamanca - Edición: Jhon Diego Henao



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